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EL CEREBRO DE UN TERRORISTA URIEL ESCOBAR BARRIOS, M.D.

El más reciente atentado terrorista ocurrido en Barcelona ha atraído las miradas tanto de los medios de comunicación como del público en general. Hace pocos días, un lector de esta columna me formuló la siguiente pregunta: ¿Qué sucede en el cerebro de un fanático? Bueno, lo primero que se debe tener en cuenta es que los determinantes de la conducta violenta hay que ubicarlos en la esfera filo y ontogenética (es decir, en el origen y la evolución de la especie humana), en lo neurobiológico, en las experiencias individuales y los factores socioambientales a los cuales está sometida la persona. ¿Pero qué sucede a nivel biológico?
Desde hace algunos años, el profesor y director del departamento de Neurología de la Universidad de Iowa en EE. UU., Antonio Damasio, ha investigado el funcionamiento de las áreas cerebrales que permiten la toma de decisiones. Entre sus hallazgos está que una región del cerebro denominada corteza prefrontal está relacionada con el procesamiento de la información emocional y es fundamental en la evaluación de una creencia. Ello sugiere que personas que tienen una lesión en la parte media de esta zona muestran una tendencia al autoritarismo y al fundamentalismo religioso. Sin embargo, más recientemente, el investigador de la Universidad de California Guido Frank a través de estudios de imágenes cerebrales encontró una mayor actividad de una estructura cerebral llamada amígdala y una menor actividad en la corteza prefrontal.
Los estudios poblacionales a largo plazo han mostrado que las condiciones del medioambiente donde se desarrolla una persona influyen en las estructuras cerebrales, tanto para actuar de forma violenta, como solidaria y fraterna. Se ha confirmado de manera fehaciente que niños o jóvenes con predisposición a la violencia, cuando son formados en un clima de afecto y de cuidados maternos y familiares se les reduce el riesgo de convertirse en adultos agresivos. El neurólogo de la Universidad de Boston Craig Ferris al respecto señala que “no somos esclavos de nuestra biología”; y esto significa que a través de una educación basada en el amor y el respeto se puede modular y controlar lo biológico.


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