Colombia es un país sísmicamente activo y los temblores hacen parte de una realidad que no podemos ignorar.
Nuestra
geografía, especialmente en las zonas montañosas, nos recuerda que un sismo
puede ocurrir en cualquier momento y que no es posible predecir exactamente
cuándo sucederá.
Los recientes
movimientos de tierra y las experiencias que hemos vivido en diferentes
regiones del país deben servirnos como una señal de alerta, no para generar
miedo, sino para fortalecer la prevención. La verdadera emergencia no comienza
cuando la tierra se mueve; comienza cuando una familia, una empresa o una
institución no está preparada para responder.
Por eso,
prepararnos debe convertirse en una responsabilidad cotidiana.
Revisar las
condiciones de nuestras viviendas, asegurar muebles y objetos que puedan caer,
identificar lugares seguros, establecer un punto de encuentro familiar y tener
listo un maletín de emergencia son acciones sencillas que pueden marcar una
enorme diferencia.
Durante un
sismo debemos conservar la calma, agacharnos, cubrirnos y sujetarnos; después,
verificar las condiciones de la vivienda, permanecer atentos a posibles
réplicas y seguir siempre las instrucciones de las autoridades. La UNGRD
insiste precisamente en la importancia de prepararse antes, durante y después
de un evento sísmico.
Hoy el llamado
es a no bajar la guardia.
Colombia
necesita una cultura de prevención que empiece en cada hogar, continúe en las
escuelas, empresas y entidades públicas, y se fortalezca mediante los
simulacros y la educación comunitaria.
0 comentarios:
Publicar un comentario