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Mermelada y burocracia Por ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

¿Qué tan lejos están hoy el alcalde Juan Pablo Gallo y el gobernador, Sigifredo Salazar?
El doctor Salazar hace rato está lejos de varios de los alcaldes de su departamento. Poca credibilidad, en sus decisiones, a la hora de aceptar compromisos. Se podría repetir – con sabiduría de barrio – lo que diga Merheg. El senador azul, claro está.
Digo, sus gobiernos, en la fórmula o la llave burocracia más poder. Hay resquebrajamiento y se podría ahondar sino drenan malos entendidos de parte y parte.
Más claro: en esa reciprocidad  burocrática y de juntar poder, es hora de replantear relaciones.
Vean esto. El conservatismo le ha traído, propinado graves golpes  de opinión en sus relaciones con el liberal en la capital: el desmadre  en Desarrollo Social, la hemorragia  en la Ese Salud Pereira que tendrá un fuerte control político  y profilaxis ante el Concejo hasta pasar por las denuncias que afloran en Aguas y Aguas de Pereira. No es gratis lo que se investiga. Las tres en manos de conservadores. ¡Pura coincidencia!
La burocracia conservadora rueda suelta. Se la tropieza uno. Por la gobernación, antes por el contrario las cuotas liberales, en ese endose  o encuadre político, se merma.  La burocracia es para mirar con lupa. Casi que desaparece.
Esta actitud tiene a punto de reventar acuerdos. Les soplan al alcalde y a varios allegados políticos, el colapso. De revisar a fondo los términos de acuerdos en la frondosa nómina. Reciprocidad no hay.
No se extrañen pues, si hay decisiones duras y controversiales, de cara a los procesos electorales venideros. Habrá factura y cobro.   Hora de pelar dientes y llamado a cuadra cuentas en esos pactos surtidos al calor del triunfo.
No se extrañe, si esa actitud, ahonde la puesta en escena de una crisis en el Concejo de Pereira y le hagan “pistola” al candidato liberal a la presidencia del Concejo, el doctor Maicol Lopera. Que le volteen el bloque, mejor dicho. Lo tiene parado que los concejales de la U, soporten varios de ellos, exceso de azúcar en sus organismos. Ya en Risaralda, el G-7, tiene contra las cuerdas al gobernador, así lo niegue y lo oculte bajo la alfombra azul de su despacho y no quiera retroceder por una soberbia mal concebida y una arrogancia dictada.

La ruptura está por venir y los puede coger por sorpresa. El liberalismo se siente maltratado y exigirá replanteamiento o crisis con este socio histórico que cuando gana, no conoce. ¿Será que el liberalismo sigue pelando el cobre, con anestesia?
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