DIMENSIONES QUÉ MAL EJEMPLO URIEL ESCOBAR BARRIOS, M.D.


Recientemente, en un medio de comunicación de amplia influencia en la población colombiana tuve la oportunidad de ver un espectáculo grotesco, protagonizado por dos figuras de reconocimiento nacional. Como dice el argot popular, en una esquina se encontraba una persona que goza de popularidad y tiene miles de seguidores; y en la otra,  alguien que de igual manera tiene muchos fans y en este momento ocupa un cargo público: de consejero presidencial para las comunicaciones. Los que me leen, saben que me refiero a Vicky Dávila y a Hassan Nassar. La dama en cuestión se sintió ofendida porque su interlocutor le dijo que tenía doble moral al juzgar un acto en el cual el presidente de la República había utilizado el avión que tiene asignado para trasladar a particulares a un centro recreacional ubicado en el departamento del Quindío; y le recordó el que había realizado ella y  su esposo en el pasado.  

Vicky se ‘desenjalmó’ –utilizo esta palabra con su pleno significado– e insultó a Hassan, con algunos calificativos como inepto, patán, lamberico, peludo, cosa, fracasado, lagarto, cobarde, badulaque, sin huevas…, no sigo porque el espacio no es suficiente para enumerarlos en su totalidad. Tales expresiones fueron lanzadas al aire, ante el estupor de quienes seguían ese espectáculo tan grotesco. Me niego a reconocerles el título de periodistas a estos dos seres humanos, porque me imagino que quienes ejercen esta noble profesión de informar y educar a la comunidad deben recibir en su formación un código deontológico que regula su comportamiento, así como debe existir un colegio de profesionales que regule y vigile que el ejercicio profesional se rija por normas tan elementales como el respeto por quienes reciben la información.

Y ese es el elemento clave que salta a la vista en este hecho tan lamentable: el respeto que se debe tener por el ser humano y, más allá, por las personas que ejercen el periodismo. Este par de personas que hablan por medios de comunicación y que tienen una gran audiencia refleja lo que está sucediendo en nuestra sociedad: la polarización, la descalificación, la no aceptación del otro. Ellos deberían constituirse en figuras de identificación, como llamamos en psicología a las personas que cumplen en la sociedad una función de orientación y guía, y por esta razón deberían tener un comportamiento probo y ajustado a los más elementales códigos del respeto. ¿Qué se puede esperar del resto de las personas ante este comportamiento por parte de sus líderes de opinión? Eso somos como sociedad. ¡Horror!



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