El Mundo de La Información

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CRONICA DEL SABADO

POR: JULIO BAYONA /GEONOTICIAS / Que una persona con discapacidad visual tenga un perro lazarillo o de asistencia, no es noticia. Que un perro necesite un ser humano como Lazarillo o humano de asistencia sí lo es.
Max uno de los perros que calificamos como criollo cuando queremos referirnos a los animales que no tienen raza acreditada, sin saberlo y obviamente sin proponérselo, contradice la historia de sus congéneres que desde 1931 en Inglaterra fueron entrenados y entregados a cuatro invidentes víctimas de los combates de la primera guerra mundial.
Max, conocido ya a través de las redes sociales, llegó a la clínica del Bioparque Ukumarí   en octubre de 2017 trasladado por la Policía luego de ser encontrado en el Barrio El Jardín arrollado por un vehículo y abandonado a su suerte, lo que le ocasionó la pérdida total de la visión.
Llegó al Centro de Bienestar Animal de Ukumarí, CBA, con un ojo prácticamente destrozado, la experticia de los veterinarios del parque logro su reconstrucción, pero a consecuencia del golpe recibido a los pocos días perdió totalmente la visión.
Cuatro meses después Máx es un ejemplo de vida ´para muchos. Se mueve con facilidad, agudizó su sentido del olfato y responde a las voces que reconoce acudiendo, como muchos animales de compañía, para ser mimado y recibir cariño.
La gerente de Ukumarí, Sandra Correa, tiene claro el hecho de que Ukumarí cree en las segundas oportunidades y por ello, el llamado es a que Max, sea adoptado para que los años de vida que le quedan los disfrute en un hogar donde reciba amor y encuentre el Lazarillo que le regrese a los animales una pequeña porción de agradecimiento por el servicio que les han prestado a millones de humanos guiándolos y dándoles compañía.
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