Pereira, Risaralda- Era el miércoles 5 de julio del 2006, en las horas finales de la tarde,
cuando se recibió el primer llamado dando aviso de la ocurrencia de un incendio
en el Parque Nacional Natural de Los Nevados, el cual avanzaba sobre
frailejones y extensos pajonales, generando la alerta que dio inicio a
actividades de verificación.
Las comisiones del día siguiente, pudieron descubrir la primeras evidencias de
afectación severa de diversos sectores del ecosistema de páramo, de un incendio
de grandes magnitudes que se empezaba a abrir paso favorecido por los fuertes
vientos, y fue así como durante siete largos días, el páramo ardió;
aproximadamente 2.374 de sus hectáreas que involucraban a Laguna del Otún,
Laguna del Mosquito, valle de La Alsacia, El Silencio, Bagaseca, El Diviso,
Laguna Negra, Laguna La Leona y ladera norte de la Vereda El Bosque,
presentaron amplias afectaciones de la fauna, la flora, los humedales y
turberas, e igual en alguna proporción el suelo.
El paisaje, una amplia área circunscrita entre tres cuerpos volcánicos, al
noreste el Santa Isabel, al oeste el Paramillo de Santa Rosa y al sureste el
Quindío, que antes parecía verse en hermosos tonos sepia, ahora denotaba
extensas laderas consumidas por el fuego; algunas semanas después se efectuó la
valoración de los impactos ambientales, que evidenciaron la dimensión de la
tragedia, una de las mayores emergencias ambientales registradas en el complejo
de páramos.
En el sector de Potosí fue instalado el Puesto de Mando Unificado, el lugar
desde donde se coordinaría una operación que exigía decisiones rápidas y una
articulación sin precedentes; al mismo tiempo, la Unidad de Parques Nacionales
gestionaba el apoyo de entidades del orden nacional y convocaba a los Comités
Regionales para la Prevención y Atención de Desastres de Risaralda, Caldas,
Quindío y Tolima, junto con el entonces Ministerio de Ambiente, Vivienda y
Desarrollo Territorial.
Fue el sábado 8 de julio, durante los sobrevuelos realizados sobre la zona, que
el incendio reveló toda su magnitud. Desde el aire aparecieron con claridad los
frentes activos, la velocidad con la que el fuego avanzaba y los sectores que
corrían mayor riesgo; aquellas imágenes permitieron diseñar la estrategia para
combatir las llamas, distribuir y concentrar todos los esfuerzos en un solo
propósito: detener la propagación del incendio antes de que siguiera
consumiendo el ecosistema de páramo.

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